De leyenda a multitud, el regreso de las ballenas jorobadas a Brasil
En el mayor santuario de reproducción de ballenas jorobadas del Atlántico Sur, en las costas de Brasil, varios machos golpean el agua con la cola y se empujan en su afán por alcanzar una hembra, una escena impensable de ver hace unas décadas.
A unos metros, a bordo de un catamarán, un grupo de científicos anotan con entusiasmo cuántas son y qué hacen, y se apresuran a fotografiar cada soplido, aleta o lomo que asoma.
"Quien ve una ballena se enamora, se conecta de otra manera con el medio ambiente", dice uno de ellos, Eduardo Camargo, cámara en mano.
Camargo dirige el Instituto Baleia Jubarte (IBJ), una de las principales organizaciones que investiga y protege a esta especie en Brasil, fundada en 1996 y con sede en Caravelas, en el extremo sur de Bahia.
Entre junio y noviembre, junto a su equipo navega al archipiélago dos Abrolhos, a unos 70 km de la costa, en cuyas aguas tibias las jorobadas hembras dan a luz y amamantan a sus crías mientras los machos buscan aparearse.
Durante la temporada registran cientos de estos cetáceos, que pasaron de estar casi extintos en el Atlántico Sur hace cuatro décadas a rondar en la actualidad los 35.000, casi la mitad de la población mundial, de unos 80.000.
Para ello hizo falta prohibir la caza, proteger su área de cría y mucha investigación para conocer a estos gigantes e implementar otras estrategias de preservación, coinciden en el IBJ.
- Vínculos familiares -
Con chaleco, casco y una ballesta, el biólogo Fabio Fontes persigue en un bote inflable al grupo de ballenas.
A pocos metros, dispara una flecha que perfora el lomo de una y cae al agua, de donde la recupera con la muestra de piel y grasa.
La maniobra es seguida atentamente desde el catamarán por científicos y periodistas, entre ellos AFP.
Milton Marcondes, coordinador de investigación del IBJ, explica a la AFP que esa biopsia permite establecer parentescos.
Así descubrieron años atrás que una jorobada nacida en Abrolhos era pariente de otra avistada en la isla Georgia del Sur, unos 4.000 kilómetros al sur.
Este hallazgo ayudó a establecer la ruta migratoria de estos animales, que pueden alcanzar hasta 16 metros de longitud en su etapa adulta y pesar tanto como seis elefantes.
Pasan el verano austral alimentándose en el extremo sur del Atlántico y migran a costas brasileñas para reproducirse.
- Identificación por IA -
La cola, con su mancha blanca sobre negro, es la huella dactilar de la jorobada, un patrón único que permite identificar a cada individuo.
Comparar las fotos de las colas, que antes requería muchos ojos y horas, hoy la realiza en segundos la plataforma Happy Whale, con inteligencia artificial, que ya identificó a 8.300 jorobadas brasileñas.
Gracias a esa herramienta se registró un récord mundial: una jorobada recorrió más de 15.000 kilómetros hasta la costa este de Australia, un hito del que se hizo eco en mayo la prensa internacional.
"Estamos viendo que las poblaciones del hemisferio sur están mucho más conectadas de lo que imaginábamos", dice Marcondes a la AFP.
- "Eran leyendas" -
A mediados de los ochenta, ni siquiera se sabía que había ballenas en Brasil, cuenta a la AFP Enrico Marcovaldi, fundador y del IBJ.
La primera vez que vio una, por aquellos años, la confundió con una roca.
"Eran leyendas, nunca habíamos visto una", recuerda.
Tras constatar que era una jorobada, inició el proyecto que derivó en el instituto.
El IBJ se beneficia del apoyo financiero de Petrobras hace 30 años. La petrolera estatal, que también explora crudo mar adentro, cerca de la Amazonia, apoya otros proyectos de recuperación de especies en Brasil.
En 1986 se declaró una moratoria mundial sobre la caza comercial y al año siguiente Brasil la prohibió por ley.
A ello le siguió, con el impulso del IBJ, la creación de un área protegida en Abrolhos.
El archipiélago fue designado en octubre "Hope Spot" por la ONG Mission Blue de la oceanógrafa estadounidense Sylvia Earle, una distinción a lugares clave para la conservación marina por su biodiversidad.
En 2014, la jorobada salió de la lista brasileña de especies amenazadas y desde entonces su población no para de crecer.
Ese éxito, dice Camargo, trajo nuevos desafíos para "armonizar" la actividad humana con la conservación.
El aumento del tráfico marítimo y las redes de pesca son hoy las principales amenazas directas.
También preocupa el calentamiento del mar debido al cambio climático, que amenaza al kril del que dependen estos gigantes.
D.al-Shehri--al-Hayat